ADRIAN NATIVIDAD AMBROSIO NARVAEZ

Nació el 25 de diciembre de 1967, en Paragón, distrito de Pampas, provincia de Pallasca, en la región Áncash. Desde su nacimiento, su vida estuvo marcada por la fe. Siempre se ha considerado un hijo de Dios, guiado por principios y valores que aprendió en el hogar.

Pero el destino puso pruebas muy duras desde el inicio. En 1970 falleció su padre, dejando a su madre, Cecilia Narváez Castro, sola con nueve hijos pequeños. La chacra quedó sin quien la trabajara, sin quien sembrara papas ni cuidara la tierra. La necesidad los obligó a dejar su tierra natal y viajar a la costa, estableciéndose en Trujillo, en la región La Libertad.

Desde muy joven entendió que la vida no regala nada. Lavó carros, hizo adobes de barro ayudando a su hermano Ramiro, trabajó en la chacra durante los tres meses de vacaciones en el sector El Milagro, en el distrito de Paiján, cerca al mar. Con el poco dinero que ganaba compraba sus útiles escolares para poder estudiar en la Gran Unidad Escolar. Nada fue fácil, pero nunca dejó de luchar.

Cuando aún era joven, la vida volvió a golpearlo: su madre murió atropellada. En medio del dolor, tuvo que asumir la responsabilidad de realizar los trámites y la demanda necesaria para darle sepultura en el Cementerio Miraflores Perpetuo. Ese momento marcó un antes y un después en su vida: decidió que nunca se rendiría.

Buscando oportunidades, viajó a Lima gracias al apoyo de un compañero de estudios. Intentó ingresar al Ministerio de Energía y Minas, pero las circunstancias no se dieron. Sin dinero ni lugar donde dormir, pasó noches en un carro abandonado. Trabajó lijando fierros oxidados, luego en el mayorista en el rubro de chatarra. Cada día era una batalla.

Un día escuchó en la radio que el nuevo presidente de la Cámara de Diputados era Jorge Díaz León, quien había sido su profesor de Historia. Decidió ir al Congreso en busca de apoyo. Allí conoció a la doctora Estela de la Jara Ureta, quien vio en él esfuerzo y determinación. Gracias a su gestión, se abrió una oportunidad para trabajar en el Gobierno Regional de La Libertad.

Regresó a Trujillo y empezó a trabajar como guardián en el proyecto Chavimochic. Cuidaba y limpiaba oficinas por las noches, y durante el día estudiaba en la Universidad Privada Los Ángeles de Chimbote. Sus prácticas profesionales las realizó en municipalidades y en el Gobierno Regional. Trabajaba, estudiaba y soñaba.

En ese proceso conoció a la madre de sus dos hijas, Lesly y Fresia Ambrosio Cruzado. Aunque su relación no prosperó por las exigencias del trabajo y el estudio, nunca dejó de cumplir como padre. Siempre estuvo presente, apoyándolas económicamente y dedicándoles tiempo. Hoy una es abogada y la otra contadora pública, profesionales exitosas que son su orgullo.

El 12 de febrero de 1995 tomó una decisión trascendental: se bautizó en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, fortaleciendo su fe y su compromiso con el Evangelio de Jesucristo. Vive su religión con convicción y principios.

Se convirtió en contador público colegiado, realizó un posgrado en Banca y Finanzas, fundó su propio estudio contable de asesoramiento empresarial y escribió tres libros de contabilidad gubernamental. Después de años de responsabilidades familiares, hoy se siente libre para iniciar una nueva etapa personal y formar un hogar bajo las leyes de Dios.

¿Por qué se lanza como congresista por La Libertad?

Porque conoce el dolor de la pobreza.
Porque sabe lo que es dormir sin techo.
Porque ha trabajado desde abajo.
Porque entiende al agricultor, al obrero, al joven estudiante y a la madre que lucha sola.

Se lanza como candidato al Congreso por la región La Libertad con el partido político Perú Acción no por ambición, sino por vocación de servicio. Cree en una política limpia, transparente y con valores. Cree en el trabajo, en la educación y en la fe como pilares del desarrollo.

Es una persona amable, responsable y profundamente querida por su pueblo. Su historia no es de privilegios, sino de esfuerzo. No viene de la comodidad, sino de la lucha constante.

Hoy quiere devolver a La Libertad todo lo que esta tierra le dio: oportunidades, trabajo y esperanza.

Porque cuando un hombre que ha sufrido aprende a levantarse, no solo quiere avanzar él… quiere levantar a todo su pueblo.

Y su lema es claro:
“Estoy para servir.”